Lo que no cambia.

Solías decirme que no tuviese miedo a cambiar de ciudad, a vivir aquí y allí. Es más, decías que tendría que vivir en varios sitios diferentes, sin miedo a aferrarme a ellos, sin miedo a tener que abandonarlos. Esta era la estrategia que proponías para, así cuando ya de mayor quisiese retirarme a descansar, sabría donde hacerlo. Decías que volvería a aquel sitio que tanto me costó dejar, aquel que (ya con perspectiva) de verdad me dolió abandonar. Decías que volver me haría tan feliz, que los últimos años de mi vida serían tan buenos como aquellos que ya viví, años atrás, allí.

Viajar

Cada vez que me contabas esta historia, añadías una consideración a tener en cuenta cuando me marcharse del sitio que fuese, de tal modo que, con el paso del tiempo, terminaste por redactar unas “instrucciones de viaje”, las cuales, ahora que me mudo, he decidido rescatar. Decías, vayas donde vayas, estés donde estés, hay cosas que no cambian, siempre van a suceder:

El paso del tiempo. Vas a necesitar un reloj porque a veces el tiempo correrá demasiado deprisa y otras demasiado lento. Cuando esto pase, adelanta o atrasa el reloj y ríete del que te diga que no puedes parar el tiempo, ríete de quien te diga que no puedes hacer algo, ríete alto, con ganas. Ese día entendí porque tenías esa colección de relojes. Ese día dejé de llevar las muñecas desnudas.

La necesidad de tomar el aire. Las cuatro paredes se te caerán encima y necesitarás coger aire. Aprenderás a respirar, te darás cuenta que es mucho más que eso, que hacemos sin querer.

Libertad

La necesidad de llegar a casa. Habrá un momento de un día (o varios, muy probablemente) en el que necesites llegar a casa. Busca algo que te haga sentir en casa, ese algo tan difícil de encontrar, que hay quien dice se pasa toda una vida buscando. Eso que, decías, acababas de encontrar.

Home

Las despedidas. Habrá despedidas, muchas. Recuerda, un beso es mejor que dos. Puestos a contarlos es mejor perder la cuenta.

El miedo. Siempre está en un segundo plano, y a veces quiere ser el protagonista. No le dejes, decías. Es el peor enemigo del éxito y el éxito tiene un significado personal. Has de encontrar el tuyo.

Historias. Idas y venidas. Te van a seguir pasando cosas y vas a tener la necesidad de contárselas a alguien. Ese alguien, decías, se quedará reducido a unas pocas personas, muy pocas, pero no te preocupes, vayas dónde vayas van a estar ahí.No cuenten nunca nada a nadie. Si lo hacen, empezarán a echar de menos a todo el mundo” (El Guardián entre el Centeno)

Echarse de menos. Esto será bonito, cuanto más, doloroso cuanto menos. Tienes que aprender a llevarlo, a pesar de que pueda resultarte insoportablemente soportable.

Photo Wall Deco

Decisiones. Tendrás poco espacio en la maleta y nunca va a caber todo lo que te quieras llevar. ¿Recuerdas la chica de los dos vestidos?, decías. Y me contabas aquella historia en la que una chica no podía decidirse entre dos vestidos para salir y un chico le proponía aquel juego, en el que ella tendría que ponerse los dos, primero uno, y luego el otro. Entonces, el chico le quitaría, primero uno y luego el otro. El vestido que mejor quedase en el suelo sería el elegido. Luego yo jugaba a ser esa chica, tú jugabas a ser ese chico. Luego, yo siempre llegaba tarde, luego tú decías, recuerda, habrá decisiones que merecerán ser meditadas, con el resto no pierdas el tiempo, diviértete.

Brandy Melville

 Prometo ponerlas en práctica, prometo intentarlo, prometo no prometer.

(Imágenes vía Pinterest)

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