Coloquios en la cocina.

Sé que pronto echaré de menos lo que ahora está de más. “Confesarse” en la cocina será una de esas cosas. Las palabras que habitan en la cocina están hechas de otra pasta, respiran otro aroma. Será que están cargadas de ingredientes.

¿Qué de que habló? Sí, hablo de hablar. Hablo de hablar en la cocina. Hablo de charlas con amigas, hermanas o amigas que cumplen la función de hermanas. Estoy segura de que sabéis de lo que hablo.

girls in the kitchen

Hablo de sincerarse, sincerarse de la forma más profunda entre sal y pimienta, entre especias y baldosas amarillas.

 Hablo de llegar de madrugada, con unas copas de más, cocinar a las tantas y comenzar conversaciones tan absurda y sin sentido como la propia noche, tan divertidas como el primer movimiento de caderas en la pista o tan tristes como la última canción.

 Hablo de hablar de amigos, familia y chicos. Hablo de hablar de no me deja en paz, no me hace caso, no lo soporto y ahora vienen los te quiero.

 Hablo de locuras pasadas contadas a ritmo de tenedor y tomate en los labios. Hablo de construir castillos en el aire, sin pala ni arena. De imaginar un futuro fantástico y lleno de interrogantes sin signos de interrogación.

girl in the kitchen

Hablo de llenar copas de vino (o sidra), preparar la cena a ritmo de canciones de ayer y de hoy, discutir estupideces, mirar el reloj con calma e inventar excusas por llegar tarde.

 Hablo de darnos consejos de sabios sin tener canas ni barba, hablo de ignorar los consejos, de seguirlos al pie de la letra. Hablo de la facilidad de ver las cosas desde fuera, de la emoción de sentir las propias.

 Hablo de preparar meriendas de autor, desayunos propios de hotel, de no recordar las recetas más sencillas, de no olvidar las conversaciones que las acompañaban.

 Hablo de aprender nuevos platos, de inventar ingredientes, de “allí se hace así”. Hablo de aprender acentos, de que te inventes palabas, de que nos digas que son gallegas. Hablo de corregir laísmos, de comernos eses, de recordar frases estrella, de poner la guinda al pastel. Hablo de palabras que son mucho más que palabras.

 Hablo de asaltar la nevera una tarde cualquiera, de perder el hambre, de perder el tiempo con palabras que van y que vienen. De no haber hecho nada, de tenerlo todo.

 Hablo de imaginar mudanzas, de imaginar una nueva cocina. Hablo de no querer imaginarlo ni en broma.

rustic kitchen

Hablo de derramar lagrimas cortando cebolla y sin cortarla. Hablo de llorar y de llorar de risa. De miradas cómplices y caras largas. De enfadarnos, perdonarnos y abrazarnos. Hablo de no soportarnos, de querernos. De que importe más lo segundo que lo primero.

 

 

 (Imágenes vía Pinterest)

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