Inspírame.

Buscar la inspiración se ha convertido en algo tan cotidiano como tomar café por las mañanas. Deseas que te lo sirvan las musas y venga cargado, muy cargado de ideas. 

Café y tarta

Para Dalí, su musa era Gala. Un genio, una sola musa. Yo, todo un desastre, todo aquello que me inspira. 

Me inspira Madrid. Sí, ese mismo que hace unos años pensaba que necesitaría que me lo vendiesen, envuelto en papel de regalo, para empezar a quererlo. En Madrid las musas están siempre en cada rincón, en cada esquina. Están en un vagón de metro, en uno cualquiera pero sobre todo en Tribunal. Estaban ( y allí siguen, porque volví a buscarlas) en Malasaña, en sus tiendas y en sus cafés. En el Toma Café, en sus portales de la Corredera Alta, en la gente, en su seguridad. Nunca he visto gente caminar tan segura de sí misma como en Malasaña. Quizás era cosa de las gafas de sol que me regalaron por entonces.

Toma Café

La inspiración a menudo me visita en la cama. No viene para traerme el desayuno, sino para robarme el sueño con sus ideas que no dejan de ir y venir. Es una batalla, las buenas contra las malas. No siempre ganan los buenos y los malos, no son tan malos. 

Me inspira una palabra, que cae en medio de la calle. No hace mucho ruido pero llega a mis oídos. Esta palabra me trae un recuerdo. Este recuerdo me trae una idea. Esta idea me vuelve loca y me trastorna el día. Los días trastornados son los mejores.

Me inspira un zumo de naranja y zanahoria. No uno cualquiera, ¡ése! El que ponen en una cafetería que hace esquina en una calle que, a veces, echo de menos. El que te tomas despacio, mirando el reloj, viendo como pasa el tiempo sin prisa porque lo que tenías que hacer ya lo hiciste, porque lo que buscabas ya lo encontraste, porque a quién esperabas ya llegó. El que en estos días apetece más que nunca.

Zumo de naranja y zanahoria

Me inspiran las cosas que antes hacía y ya no hago porque las recuerdo y las cosas que ahora hago y antes no hacía porque las tengo presentes. Me inspira todo lo que cambia de tiempo, orden y lugar. Esto último, me inspira y me desespera a partes iguales.

Me inspiran las escaleras de mi portal. Me obligan a anotar mientras subo o bajo a la carrera. Miento, es siempre el miedo el que me obliga a tomar nota por si el tiempo me juega una mala pasada y se lleva con él esta idea que las musas me regalaron.

Libreta Mr Wonderful

Me inspira un olor. Los olores son déjà vusUn olor tiene el poder de tele transportarte en el tiempo. Son mis viajes favoritos, sin billete, ni equipaje. Los olores son lugares, son personas, son recuerdos, son regalos en fechas no señaladas.
Me inspira un semáforo en rojo. Pocas cosas tienen el poder de detener el tiempo y un semáforo en rojo es una de ellas. El tiempo se detiene y tú con él. En los semáforos en rojo hay cruces de miradas y lluvias de ideas. En cuanto cambia a verde, todo pasa, todos pasan y lo que acaba de suceder se nos olvida tan deprisa como empezamos a caminar. 

 Me inspiran las conversaciones de adultos que tienen los niños y las conversaciones de niños que tienen los adultos. Las primeras son mis favoritas, las segundas difíciles de encontrar. Me inspira lo difícil.

Madre e hija en rulos

Me inspiran los días, me inspiran los detalles. Los más diminutos, los que te guardas en un bolsillo. Los más grandes, los que no caben en un blog. Los que se merecen más que convertirse en simples palabras.

 Me inspiras cuando me lees.

 

 (Imágenes vía Pinterest)

 

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