Cinco, impar.

El cinco, impar, ha sido siempre mi número favorito. Cinco, impar, es tú y yo dos veces y tú otra vez.

 Cinco, son mis hallazgos de los últimos días:

1. Lady Desidia y sus pájaros en la cabeza.

Ladydesidia pajaros en la cabeza

2.Vic. a tiene cuadernos de notas para no dejar de escribir.

3. Sr. Bermudez diseña carteles minimalistas con referencias a música, series o cine que hacen que quiera una habitación con las paredes más grandes donde quepan todos.

4. Chichinaboinc me hace soñar con platos (su colección de vajillas por encargo es deliciosa) y

vajilla

5. Chucheriasdearte y sus librinos me quitan el sueño, literal, y es que puedes devorar Lisboa, Cuba, Mérida o incluso las ilustraciones de Paula Bonet en tamaño miniatura.. Llevo días que quiero más de cinco, impar.

 Cinco minutos es lo que dura esta canción. Cinco minutos y cinco segundos. Y en Diciembre está en Madrid, y me acuerdo de ti, que no parabas de escucharlo en casa. Y en dos horas, que no en cinco, vendió todas las entradas y cinco días me he tirado maldiciéndole.

 Cinco minutos. Cinco minutos más. Cinco minutos más de ese sabor, cinco minutos más de ese olor, cinco minutos más de esa mente, cinco minutos más de ese cuerpo. Cinco minutos más como regalo.

chichinaboinc

 Los cinco de Enid Blyton me engancharon a la lectura de pequeña. Cinco días he tardado en leer “No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas”. Libro que tardé cinco segundos en decidir comprarlo, sólo por el título y los flamencos. Los flamencos también. He amortizado su precio en carcajadas.

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas

 Cinco es el número que tengo que pulsar en el ascensor cada día. Cinco pisos hay desde mi balcón hasta la acera por la que te veo pasar. O creo que te veo pasar.

 Cinco céntimos. Al cambio un regaliz rojo y la eterna manía de pagarlos en monedas de cinco.

 Cinco euros. Un trozo de tarta de zanahoria y un café con leche de soja en el Café Molar. Molar, con cinco letras. Te sobran dos monedas de cinco céntimos que no querrás guardar para regalices, quieres utilizarlas para suplicar a la camarera que nunca deje de hacer esa tarta.

bizcocho de zanahoria

 Te echo de menos seguido de un punto es un mensaje de, sólo, cinco componentes y muchos matices.

 Y cinco cervezas son las que me ponen en duda, por eso siempre me prometo no pasar de cuatro. Por eso, nunca lo cumplo, por eso prefiero apostarlo todo al cinco, impar.

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Insaciables.

“Todos somos insaciables, si algo nos gusta queremos más.” Me obligó a dejar de oír para empezar a escuchar. Descubrí quien estaba detrás de aquellas palabras y me decepcioné (y mucho) y me dio igual porque cuando algo te gusta la objetividad se disfraza de subjetividad, te engañas a ti mismo y lo intentas aceptar.

 “Cuando disfrutamos todos somos insaciables.”  

 Y ahora entiendo esta sed de estos últimos días, ya no hace calor, no ese calor, pero estoy más sedienta que nunca. No quiero beber a sorbitos, no puedo. Me gusta todo demasiado.

mad men don draper

Ahora entiendo por qué hay gente adicta al trabajo. Más enganchados que a la nicotina, fumándose los días con ansia y sin tirar ni las colillas.

Ahora entiendo al que no tiene un trabajo, al que tiene una pasión. Al que amanece para disfrutar. Al que tiene vocación y devoción, sin pisar una iglesia, sin tener una religión.

Ahora entiendo a quién no vive y punto, a quién vive en un punto de apoyo. Aparece y no desaparece. Permanece.

Ahora entiendo a quien empieza las revistas por las últimas páginas. Ahora entiendo lo que es coger algo con muchas ganas sin importar por donde lo agarres, porque eso aquí (y ahora) es lo de menos.

kate moss

Ahora entiendo ese artículo de hace unos días: “Cuando tenemos interés en algo es más fácil aprender y recordar” “La curiosidad pone al cerebro en modo aprendizaje”. Ahora entiendo aquellos suspensos. Ahora entiendo por qué me sé de memoria ese cuerpo.

Ahora entiendo a quien despierta al despertador. A quién no entiende que los días tengan sólo 24 horas. A quién se levanta ilusionado y aterrado y vive con un pánico excitante.

Ahora entiendo al que no puede ver algo pero ya lo quiere conocer. Al que le mueven las tripas y son las que marcan sus pasos. Si no hay movimiento no hay camino.

Ahora entiendo a Bukowski, ahora entiendo aquello. “Encuentra lo que te gusta y deja que te mate”.

Bukowski

Y ahora no entiendo porque la partícula –IN, según la RAE, indica negación o privación. (IN)saciable es optimismo destilado. Es lo mejor o nada, es inconformismo. Es morder la manzana sin preocuparte si está envenenada porque, el simple hecho de probarla, va a merecer la pena.

 

(Todas las imágenes vía Pinterest) 

Vivir en otoño.

Antes de nada, disculpad estaba emborrachándome de sol.

Y de repente, llega el otoño y recuperas la cordura, tanto si quieres como si no. Septiembre te sacude, te pone los pies en la tierra y empiezas otro año. Porque el año he de decir, (sí yo también lo creo) que empieza en septiembre aunque doce campanadas y un racimo de uvas se empeñen en lo contrario.

Y ya estás soplando las velas y haciéndote un año más viejo. Y de repente a los árboles se les empiezan a caer las hojas, yo saco la chaqueta y a ti te asoman las primeras canas.

Autumm look.

Y  te vuelves a poner las botas de agua y comienzas a saltar charcos. Y de repente  vives en otoño, y lo sabes porque ya hay castañas, ha llovido una semana entera seguida y vuelves a odiar los domingos.

Y ya no es tan fácil ver las estrellas y la Luna ya no se pasea desnuda sin complejos. Parece que vuelve la vergüenza.

Y de repente, estás buscando piso otra vez, o dejando la casa de la playa o la de la montaña y volviendo a esa cajita de cerillas en la ciudad del ruido y los coches donde las horas la marca la agenda y no la siesta.

Balcones

Y ya no tiras la toalla en el césped, y la manta te roba tu sitio en el sofá. Y de repente los escaparates están llenos de abrigos, pañuelos y botas y vuelves a cenar un vaso de leche calentita y a ver series.

Y de repente, me encanta el otoño porque en otoño somos de verdad. En otoño si te ríes es con ganas, si lloras tienes motivos y los sentimientos son (más) auténticos. Ese aire que contiene felicidad y que todos respiramos en verano se ha ido y vuelve ese aire insípido, pero natural, con el que tú decides si estar alegre o triste. Y no te digo que sea mejor o peor, sólo que me gusta. Me gusta vivir en otoño. Me gusta ponernos a prueba.

leche

Y de repente ya no descorchamos botellas de vino un martes cualquiera en el rincón que se nos antoja. Ahora nos quedan cafés a media tarde y vinos de viernes a domingo. Tampoco hay baños para vencer al calor ni asaltos a casitas con porche. Vuelve la bufanda para vencer al frio y revistas llenas de propuestas para pasar el próximo puente en una casita rural con porche, pero ninguno como ese.

Decoración porche.

Y de repente vuelven las exposiciones, el teatro, el cine, el gimnasio, los cursos y talleres y los anuncios de coleccionables. Rutina, alternativas a ella y vuelta a la rutina.

Y de repente los conciertos no serán al aire libre y no cantaremos “Carolina” en medio de una plaza como aquella pero es tiempo de salitas pequeñas y acústicos y los acústicos son mucho más bonitos en otoño cuando el frío rasga las voces.

Y de repente no hay verano y, como dice Cristina, sin verano no puedes ser un amor de verano.

(Todas las imágenes vía Pinterest)

Nuevas reglas.

Podría contarte que no vivimos en tiempos de paz y gloria, que este calor (que deseaba que llegase) no es insoportable, que no son días de cambios, que no tendrás que pasar por caja a pagar el precio que los meses dorados decidan cobrarte por estos días (que parecen) de anuncio. Podría contarte que las reglas no han cambiado, que son las mismas que en invierno. Podría hacerlo pero estaría mintiendo. Lo cierto es que los jugadores somos los mismos, fichas blancas a un lado del tablero, fichas negras en el lado opuesto pero nuevas reglas, nuevos credenciales.

Esto no quiere decir que las anteriores  hayan desaparecido ni que estas vengan para quedarse pero DE MOMENTO jugamos así, juego así, creo así:

Creo que una imagen (ni siquiera la mejor del verano) no vale más que mil palabras. Depende de la imagen, depende de las palabras.

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Creo que hay que mojarse. Creo que para medir las palabras está el invierno. Creo que es ahora o nunca. Creo que mañana habrá mañana pero no será hoy.

 Creo que arrepentirse no sirve para nada. Creo que ahora duele más que nunca. Creo que se paga más caro que en invierno.

 Creo que en verano todos parecemos mucho más interesantes. Creo que las personas más interesantes son las que no lo parecen a simple vista.

sombrero de verano

 Creo en mezclar las churras y las merinas. Creo en la complejidad. Creo en la sencillez. Creo en conceptos opuestos.

 Creo en el orden y en el desorden. Vuelvo a creer en conceptos opuestos.

 Creo que el precio de un viaje se mide por su capacidad para sorprenderte, aportarte y transformarte. Creo que al cambio siempre salimos ganando.

Creo que el olor a hierbabuena es insuperable. Creo que el olor a hierbabuena dentro de un mojito supera lo anterior.

mojito

Creo en lo que (casi) nadie cree. Creo en la publicidad. Creo que 30 segundos, a veces, bastan para ponerte los pelos de punta.

Creo que no me gusta que me regalen los oídos. Creo que no soporto las mentiras piadosas. Creo en la verdad, por amarga que sea. 

Creo que las mentiras se venden baratas, se pagan caras. Creo en la honestidad brutal. Creo en saber perdonar, en el derecho a no hacerlo.

Creo que una cicatriz siempre esconde una historia, siempre esconde un recuerdo. Creo que siempre te escondes. Creo que sólo cuando te busco.

Creo en los lugares por descubrir y los descubiertos. Creo en la magia de viajar sin mapa. Creo que no hay mejor época para hacerlo.

Creo en volver a mandarnos postales. Creo en volver a escribir a mano. Creo en la ilusión de abrir el buzón.

buzón

Creo en superar obstáculos, creo en la confianza para ello. Creo que hay que creer en uno mismo.

Creo que de las imágenes más bonitas no hay fotos. Creo que no hay cámara que pueda captarlas ni tarjeta que pueda encerrarlas. Creo que el cerebro no puede ser mejor baúl de recuerdos.
Creo que desnudarse ante alguien es muy complicado, lo fácil es quitarse la ropa. Creo que lo primero tiene más mérito.
Creo en jugar limpio, las reglas claras, los jugadores al descubierto y la diversión asegurada. Creo que se pueden hacer trampas, creo que tienen un precio que no viene en el cartel de los helados.

Y creo que complicarse la vida tiene sentido. El sentido que tú quieras darle.

(Imágenes vía Pinterest)

Antes de que llegue septiembre.

Antes de que llegue Septiembre quiero ver tus pies descalzos, tu espalda al aire, dormir la siesta con ventilador, sacudir la toalla llena de arena en una playa que aún no conozca, visitarte, que me visites.

caravana playa

Antes de que llegue septiembre exijo (sí, exijo) dorado en la piel, noches de verbena destrozando canciones, la pérdida de la noción del tiempo y el Dolce far niente” o el dulce placer de no hacer nada.

Antes de que llegue Septiembre habrá robos del último mordisco del cucurucho, baños de sol, duchas de agua fría, altas temperaturas, amores de verano como consecuencia de las altas temperaturas y consecuencias como consecuencia de los amores de verano.

concert look

Antes de que llegue septiembre serán inevitables las despedidas, los reencuentros, el hacer y deshacer maletas, el estrés en medio del relax.

Antes de que llegue septiembre devoraremos libros (Punterías -por ejemplo- de Irene G. Punto), macedonias de frutas, helados, cuerpos semidesnudos y bocas ajenas.

Antes de que llegue septiembre detestaremos lo rápido que va el tiempo, esa canción que ponen en todas partes, las noches de calor que no nos dejan dormir, el ultimo trago que sólo sabe a hielo derretido. Detestaremos no habernos conocido antes.

Antes de que llegue septiembre podremos ir al cine de verano y ver películas del invierno pasado, dormir desarropados, apagar el despertador y darnos media vuelta, contarnos los lunares.

cine de verano

Antes de que llegue septiembre tendremos la marca anual del bikini, un montón de fotos que guardar o compartir, mucho que contar, mucho que callar.

Antes de que llegue septiembre no tendremos nostalgia, ni los pies fríos. No tendremos prisa, no tendremos qué perder. Sólo antes de que llegue septiembre.

pies en el agua

 Antes de que llegue septiembre disfrutemos del placer de lo efímero.

Alicia: ¿Cuánto tiempo es para siempre?

Conejo Blanco: A veces, sólo un segundo.

(Alicia en el País de las Maravillas)

(Imágenes vía Pinterest

Lo que no cambia.

Solías decirme que no tuviese miedo a cambiar de ciudad, a vivir aquí y allí. Es más, decías que tendría que vivir en varios sitios diferentes, sin miedo a aferrarme a ellos, sin miedo a tener que abandonarlos. Esta era la estrategia que proponías para, así cuando ya de mayor quisiese retirarme a descansar, sabría donde hacerlo. Decías que volvería a aquel sitio que tanto me costó dejar, aquel que (ya con perspectiva) de verdad me dolió abandonar. Decías que volver me haría tan feliz, que los últimos años de mi vida serían tan buenos como aquellos que ya viví, años atrás, allí.

Viajar

Cada vez que me contabas esta historia, añadías una consideración a tener en cuenta cuando me marcharse del sitio que fuese, de tal modo que, con el paso del tiempo, terminaste por redactar unas “instrucciones de viaje”, las cuales, ahora que me mudo, he decidido rescatar. Decías, vayas donde vayas, estés donde estés, hay cosas que no cambian, siempre van a suceder:

El paso del tiempo. Vas a necesitar un reloj porque a veces el tiempo correrá demasiado deprisa y otras demasiado lento. Cuando esto pase, adelanta o atrasa el reloj y ríete del que te diga que no puedes parar el tiempo, ríete de quien te diga que no puedes hacer algo, ríete alto, con ganas. Ese día entendí porque tenías esa colección de relojes. Ese día dejé de llevar las muñecas desnudas.

La necesidad de tomar el aire. Las cuatro paredes se te caerán encima y necesitarás coger aire. Aprenderás a respirar, te darás cuenta que es mucho más que eso, que hacemos sin querer.

Libertad

La necesidad de llegar a casa. Habrá un momento de un día (o varios, muy probablemente) en el que necesites llegar a casa. Busca algo que te haga sentir en casa, ese algo tan difícil de encontrar, que hay quien dice se pasa toda una vida buscando. Eso que, decías, acababas de encontrar.

Home

Las despedidas. Habrá despedidas, muchas. Recuerda, un beso es mejor que dos. Puestos a contarlos es mejor perder la cuenta.

El miedo. Siempre está en un segundo plano, y a veces quiere ser el protagonista. No le dejes, decías. Es el peor enemigo del éxito y el éxito tiene un significado personal. Has de encontrar el tuyo.

Historias. Idas y venidas. Te van a seguir pasando cosas y vas a tener la necesidad de contárselas a alguien. Ese alguien, decías, se quedará reducido a unas pocas personas, muy pocas, pero no te preocupes, vayas dónde vayas van a estar ahí.No cuenten nunca nada a nadie. Si lo hacen, empezarán a echar de menos a todo el mundo” (El Guardián entre el Centeno)

Echarse de menos. Esto será bonito, cuanto más, doloroso cuanto menos. Tienes que aprender a llevarlo, a pesar de que pueda resultarte insoportablemente soportable.

Photo Wall Deco

Decisiones. Tendrás poco espacio en la maleta y nunca va a caber todo lo que te quieras llevar. ¿Recuerdas la chica de los dos vestidos?, decías. Y me contabas aquella historia en la que una chica no podía decidirse entre dos vestidos para salir y un chico le proponía aquel juego, en el que ella tendría que ponerse los dos, primero uno, y luego el otro. Entonces, el chico le quitaría, primero uno y luego el otro. El vestido que mejor quedase en el suelo sería el elegido. Luego yo jugaba a ser esa chica, tú jugabas a ser ese chico. Luego, yo siempre llegaba tarde, luego tú decías, recuerda, habrá decisiones que merecerán ser meditadas, con el resto no pierdas el tiempo, diviértete.

Brandy Melville

 Prometo ponerlas en práctica, prometo intentarlo, prometo no prometer.

(Imágenes vía Pinterest)

En el ecuador.

Llegados a este punto, este punto que es Junio, es hora de hacer balance. Me gusta echar la vista atrás, justo ahora, porque todavía no es demasiado tarde para enmendar errores ni demasiado pronto como para no haberlos cometido.

Desde el ecuador, tenemos la perspectiva perfecta para mirar, para poner las cosas en una balanza.

Estos son mis éxitos y mis fracasos. La cara A y la cara B de una misma moneda. Lo mejor y lo peor.

Balanza

Lo que sí:

Venir a aprender una profesión y haber aprendido mucho más sobre la vida.

Aprender a mirar. Apreciar más aquellas cosas que a primera vista parecen invisibles. Detalles que hacen que salte ese click en nuestra cabecita y quieras hacer una película de un segundo vivido. Adoro los placeres sencillos; son el último refugio de los hombres complicados. (Óscar Wilde). Él si que sabe mirar, comprobadlo vosotros mismos.

Explorar esos rincones que tenemos al lado  y no terminamos de conocer. Saber que lo conocido es en realidad desconocido y que muchas veces puede ser tan fascinante como lo que crees que hay al otro lado del mundo.

Descubrir inesperadamente, libros, películas, y gente capaz de dejarte pasmado con su trabajo. Descubrir a Sara Herranz y sus ilustraciones. Sí, lo sé voy tarde, muy tarde, pero es que nunca fui muy amiga del reloj. Quererme u odiarme pero, probablemente, llegue tarde.

Sara Herranz

Valorar más la soledad, valorar más la compañía. Valorar más en general.

Dar una oportunidad a lo que ayer era un no rotundo. Ser menos intransigente, ser más paciente.

Airear las ideas, por aquello que dicen que si las dejas encerradas mucho tiempo empiezan a apestar. Por aquello que dice una amiga que lo que no compartes no existe.

Volver a montar en bicicleta. Volver a sentirme una niña. Tener dolor de mofletes de tanto reír.

vintage bike

No olvidar de donde vengo, ni adonde voy, sin tener un destino fijo, teniendo muchos caminos para lograr un mismo objetivo.

Seguir teniendo el mismo gusto por las mismas cosas de hace años, incorporar nuevas a la lista. Seguir teniendo ese ansia por descubrir y conocer. Seguir siendo más curiosa que ayer, menos que mañana.

 Lo que no:

Tener miedo. Miedo a que llegue el verano con sus consecuencias. Miedo a tener que meter en cajas montones de recuerdos y saber que por muy bien que los coloques no van a caber. Miedo a dejar atrás una ciudad y descubrir otra.

Road Trip

Echar de menos todo aquello que, ya, no aporta nada más.

Seguir siendo la superheroína de un cuento llamado “Facilidad para la distracción y hacer en dos horas lo que se puede hacer en una” y la protagonista de la película “ 5 minutos más y me levanto”

Odiar canciones por la insoportable manía de escucharlas en bucle hasta obligarte a ti mismo a aborrecerlas.

Post-poner llamadas a personas que realmente se alegran cuando oyen tu voz al otro lado del teléfono y provocan una sonrisa en tu cara con la suya. Lo mismo con las visitas.

Seguir teniendo “asignaturas pendientes” que en Enero prometiste que de Febrero no pasarían.

No hacer ese viaje, del que hemos hablado miles veces, del que tenemos miles de ganas.

girls on the beach

  Como no todo es blanco o negro, como siempre hay cosas que no van ni aquí, ni allí. Cosas que no son ni sí, ni no. Esto es, vivir en invierno cuando ya es primavera, vivir en otoño cuando fue invierno y no poder dormir porque siempre estoy soñando en invierno con el sol, con las nubes en verano.

(Imágenes vía Pinterest

     

Coloquios en la cocina.

Sé que pronto echaré de menos lo que ahora está de más. “Confesarse” en la cocina será una de esas cosas. Las palabras que habitan en la cocina están hechas de otra pasta, respiran otro aroma. Será que están cargadas de ingredientes.

¿Qué de que habló? Sí, hablo de hablar. Hablo de hablar en la cocina. Hablo de charlas con amigas, hermanas o amigas que cumplen la función de hermanas. Estoy segura de que sabéis de lo que hablo.

girls in the kitchen

Hablo de sincerarse, sincerarse de la forma más profunda entre sal y pimienta, entre especias y baldosas amarillas.

 Hablo de llegar de madrugada, con unas copas de más, cocinar a las tantas y comenzar conversaciones tan absurda y sin sentido como la propia noche, tan divertidas como el primer movimiento de caderas en la pista o tan tristes como la última canción.

 Hablo de hablar de amigos, familia y chicos. Hablo de hablar de no me deja en paz, no me hace caso, no lo soporto y ahora vienen los te quiero.

 Hablo de locuras pasadas contadas a ritmo de tenedor y tomate en los labios. Hablo de construir castillos en el aire, sin pala ni arena. De imaginar un futuro fantástico y lleno de interrogantes sin signos de interrogación.

girl in the kitchen

Hablo de llenar copas de vino (o sidra), preparar la cena a ritmo de canciones de ayer y de hoy, discutir estupideces, mirar el reloj con calma e inventar excusas por llegar tarde.

 Hablo de darnos consejos de sabios sin tener canas ni barba, hablo de ignorar los consejos, de seguirlos al pie de la letra. Hablo de la facilidad de ver las cosas desde fuera, de la emoción de sentir las propias.

 Hablo de preparar meriendas de autor, desayunos propios de hotel, de no recordar las recetas más sencillas, de no olvidar las conversaciones que las acompañaban.

 Hablo de aprender nuevos platos, de inventar ingredientes, de “allí se hace así”. Hablo de aprender acentos, de que te inventes palabas, de que nos digas que son gallegas. Hablo de corregir laísmos, de comernos eses, de recordar frases estrella, de poner la guinda al pastel. Hablo de palabras que son mucho más que palabras.

 Hablo de asaltar la nevera una tarde cualquiera, de perder el hambre, de perder el tiempo con palabras que van y que vienen. De no haber hecho nada, de tenerlo todo.

 Hablo de imaginar mudanzas, de imaginar una nueva cocina. Hablo de no querer imaginarlo ni en broma.

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Hablo de derramar lagrimas cortando cebolla y sin cortarla. Hablo de llorar y de llorar de risa. De miradas cómplices y caras largas. De enfadarnos, perdonarnos y abrazarnos. Hablo de no soportarnos, de querernos. De que importe más lo segundo que lo primero.

 

 

 (Imágenes vía Pinterest)

Inspírame.

Buscar la inspiración se ha convertido en algo tan cotidiano como tomar café por las mañanas. Deseas que te lo sirvan las musas y venga cargado, muy cargado de ideas. 

Café y tarta

Para Dalí, su musa era Gala. Un genio, una sola musa. Yo, todo un desastre, todo aquello que me inspira. 

Me inspira Madrid. Sí, ese mismo que hace unos años pensaba que necesitaría que me lo vendiesen, envuelto en papel de regalo, para empezar a quererlo. En Madrid las musas están siempre en cada rincón, en cada esquina. Están en un vagón de metro, en uno cualquiera pero sobre todo en Tribunal. Estaban ( y allí siguen, porque volví a buscarlas) en Malasaña, en sus tiendas y en sus cafés. En el Toma Café, en sus portales de la Corredera Alta, en la gente, en su seguridad. Nunca he visto gente caminar tan segura de sí misma como en Malasaña. Quizás era cosa de las gafas de sol que me regalaron por entonces.

Toma Café

La inspiración a menudo me visita en la cama. No viene para traerme el desayuno, sino para robarme el sueño con sus ideas que no dejan de ir y venir. Es una batalla, las buenas contra las malas. No siempre ganan los buenos y los malos, no son tan malos. 

Me inspira una palabra, que cae en medio de la calle. No hace mucho ruido pero llega a mis oídos. Esta palabra me trae un recuerdo. Este recuerdo me trae una idea. Esta idea me vuelve loca y me trastorna el día. Los días trastornados son los mejores.

Me inspira un zumo de naranja y zanahoria. No uno cualquiera, ¡ése! El que ponen en una cafetería que hace esquina en una calle que, a veces, echo de menos. El que te tomas despacio, mirando el reloj, viendo como pasa el tiempo sin prisa porque lo que tenías que hacer ya lo hiciste, porque lo que buscabas ya lo encontraste, porque a quién esperabas ya llegó. El que en estos días apetece más que nunca.

Zumo de naranja y zanahoria

Me inspiran las cosas que antes hacía y ya no hago porque las recuerdo y las cosas que ahora hago y antes no hacía porque las tengo presentes. Me inspira todo lo que cambia de tiempo, orden y lugar. Esto último, me inspira y me desespera a partes iguales.

Me inspiran las escaleras de mi portal. Me obligan a anotar mientras subo o bajo a la carrera. Miento, es siempre el miedo el que me obliga a tomar nota por si el tiempo me juega una mala pasada y se lleva con él esta idea que las musas me regalaron.

Libreta Mr Wonderful

Me inspira un olor. Los olores son déjà vusUn olor tiene el poder de tele transportarte en el tiempo. Son mis viajes favoritos, sin billete, ni equipaje. Los olores son lugares, son personas, son recuerdos, son regalos en fechas no señaladas.
Me inspira un semáforo en rojo. Pocas cosas tienen el poder de detener el tiempo y un semáforo en rojo es una de ellas. El tiempo se detiene y tú con él. En los semáforos en rojo hay cruces de miradas y lluvias de ideas. En cuanto cambia a verde, todo pasa, todos pasan y lo que acaba de suceder se nos olvida tan deprisa como empezamos a caminar. 

 Me inspiran las conversaciones de adultos que tienen los niños y las conversaciones de niños que tienen los adultos. Las primeras son mis favoritas, las segundas difíciles de encontrar. Me inspira lo difícil.

Madre e hija en rulos

Me inspiran los días, me inspiran los detalles. Los más diminutos, los que te guardas en un bolsillo. Los más grandes, los que no caben en un blog. Los que se merecen más que convertirse en simples palabras.

 Me inspiras cuando me lees.

 

 (Imágenes vía Pinterest)

 

Lo que está por llegar.

Te despiertas, apagas la alarma y el primer pensamiento que invade tu mente es que otro mes más se ha consumido. Te lo has fumado, con ansia, con vicio y sin darte cuenta. Abril ha pasado a cenizas, se ha quedado en una colilla, otra de tantas y ya tienes el mechero en la mano deseando prender otro. No es que quieras es que es vicio. Y ¿ahora qué? Ahora viene la primera calada de Mayo. Viene Mayo, vienen sus consecuencias.

Vienen flores. Vienen cargadas de colores. El gigante nos las pone delante de los ojos todos los días, no podemos olerlas y, sin embargo, las queremos todas. Vienen ganas de llevarlas así. Con copa de vino incluida, por supuesto.

look con flores

Vienen cuellos desnudos, hombros que se asoman con timidez y miradas. Miradas furtivas, miradas tímidas, miradas descaradas. Vienen gafas de sol. Vale, no vienen ahora, ya estaban pero ahora vienen para quedarse porque estas miradas necesitan ocultarse. Porque nos encanta hacer trampas, porque es mucho más divertido que jugar limpio.

Vienen platos ligeros, frescos y coloridos. Muy coloridos. Mis favoritos. De esos que no requieren de muchos fogones. De esos que te los comes con los ojos. Vendrán de una mano amiga, cuando vea las recetas de Food and Cook y caiga en la tentación de cocinar para todos.

food and cook ensalada de naranjas

 

Vienen bodas para unos, bautizos y comuniones para otros. La Boda, para muchos. Los canapés y la barra libre para todos.

Vienen catarros tardíos y remedios caseros para aliviarlos. Miel y limón. Limón y miel. Y alergias y ojos llorosos y pañuelos por doquier y es Mayo y ya sabías lo que traía, ya sabías a lo que venías.

Vienen canciones que suenan a primavera, huelen a verano y saben a recuerdos. No las puedes ver, pero las puedes tocar hasta desgastarlas.

Vienen títeres y marionetas. Viene el teatro a la calle. Viene Titirimundi, un festival que si no conoces, deberías porque ya vas tarde. Porque yo estoy deseando que vengas a verme y tú deberías estar deseando no perdértelo.

TitirimundiVienen anuncios que te impiden hacer zapping. Llámalo magia o simplemente curiosidad. Éste es uno de ellos. Este estará allí porque viene cine y publicidad en grandes dosis y viene pisando fuerte.

Vienen los primeros baños de sol convertidos en intentos por evitar llegar a Junio como recién lavados con lejía. Porque nos encanta el blanco pero, cómo os decía, toda regla tiene su excepción.

Vienen lecturas en nuestra lucha contra la lejía. Yo quiero embarcarme en La verdad sobre el caso Harry Quebert . Dicen que engancha tanto que seguro que en pocos días ya le he ganado la batalla al blanco.

 Viene coleccionar momentos. Es mucho mejor que coleccionar cosas y, por fin, podemos porque el sol nos relaja y nos deja disfrutar mucho más de todo. Viene un baúl de los recuerdos de coleccionista y será nuestro, sin pujas ni subastas.

Polaroids

 Vienen planes veraniegos. Vienen todos con un mismo objetivo: dar de sí lo máximo posible los tres meses dorados. Algunos saldrán y otros no pero da igual porque al final, lo mejor de los planes es organizarlos. Propongo un viaje a Croacia, una escapada a Conil de la frontera (Sí, otra vez) y un verano en bicicleta. Propongo cumplirlos, propongo saltárnoslos. Propongo cualquier cosa que implique protestar para callarnos a besos.

Dubrovnik, Croacia

Vienen cafés con hielo. Porque en Mayo no te debo un café y no me debes un café. Nos debemos un café con hielo. No es lo mismo, muchos dicen que dos palabras lo cambian todo.

Vienen 31 días. vienen 744 horas, vienen más de un millón de minutos para disfrutar. Si has llegado hasta aquí, a mi ya me has regalado cinco. Estamos en deuda. Te debo un café con hielo 😉

(Imágenes vía Pinterest)